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PATRICIA GISBERT

PATRICIA GISBERT

Entre la luz y la materia: el viaje creativo de la artista

 

El arte es un reflejo de la forma en que percibimos el mundo. En la obra de la artista, esta percepción se construye a través del juego entre la luz, el material y la interacción con el espectador, creando un diálogo constante entre lo visible y lo intangible.

 

Originaria de Alcoi, un pueblo cargado de historia y tradición, la artista encuentra en su entorno y en la herencia cultural de su tierra una fuente constante de inspiración. De Alcoi también proviene el célebre escultor Vicente Gomis Casasempere “Vigreyos”, cuya influencia es crucial en el desarrollo de su obra, especialmente en su enfoque modular y en su respeto por las formas orgánicas y la estructuración del espacio.

 

Su formación en Bellas Artes comienza en Valencia, ciudad en la que decide establecerse tras iniciar sus estudios. Durante su tiempo en la universidad, la artista comienza a viajar, y estos recorridos por Europa, Marruecos, Indonesia y, especialmente, Venecia, marcan un antes y un después en su proceso creativo. En Venecia, la fascinación por la luz y el reflejo en el agua, junto con la vibrante riqueza de colores y materiales de la ciudad, inspira un giro importante en su lenguaje artístico, ampliando su exploración de la luz como medio de transformación y expresión.

 

En sus viajes, la artista se sumerge en diversas culturas y estéticas, desarrollando una fascinación particular por el uso del dorado, que encuentra tanto en el arte marroquí como en el arte balinés. En Indonesia, un terremoto devastador se convierte en el punto de inflexión que la lleva a abandonar la figuración y abrazar la abstracción, encontrando en ella una forma de expresión más acorde con las turbulencias emocionales y personales que experimenta en ese momento.

 

El contacto con el trabajo de artistas como El Anatsui, cuya obra escultórica con materiales reciclados y su énfasis en el color y la luz resuena profundamente en su visión artística, así como la influencia de la artista colombiana Olga de Amaral, con su exploración del tejido y los acabados dorados, contribuyen a consolidar su estilo único. En sus obras, las piezas se ensamblan como «mosaicos» que invitan a la interacción constante, cambiando con la luz y el movimiento del espectador, transformando su presencia en parte activa de la contemplación.

 

A lo largo de su carrera, la artista ha creado un lenguaje visual que dialoga entre lo efímero y lo eterno, entre lo material y lo inmaterial, cuestionando las fronteras entre lo que vemos y lo que sentimos. Su obra es una reflexión sobre el acto de posicionarnos ante lo que nos rodea, reconociendo que, aunque no siempre se puede controlar lo que sucede, sí es posible elegir la manera en que se enfrenta. De la misma forma, su trabajo rompe con la pasividad tradicional del espectador, otorgándole un papel activo en la percepción de la obra. La luz natural cambiante y el punto de vista desde el que se observa modifican constantemente la experiencia, haciendo que cada mirada transforme la pieza, al igual que en la vida, donde la perspectiva personal define la manera en que se vive cada situación.

LA SEUA OBRA:

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